En el transcurso de la tarde decidimos armar la tienda de campaña que habíamos comprado ese mismo día. Elegimos hacerlo en el patio de casa, para verificar que estuviera todo bien y no encontrarnos sorpresas al montarla en el camping, donde acamparíamos ese fin de semana que pasaríamos en Uruguay.
Sentía que había sido un muy lindo día a pesar de saber que él ocupaba su mente con otra persona. Creo que mi límite estaba llegando a un punto de comodidad en esas horas de aquel caluroso día de verano. Así que mientras él sacaba las varillas y demás complementos, me acerqué a la nevera y serví dos vasos grandes de cerveza. Al rato ya estaba armada, inflamos el colchón y lo pusimos dentro de la tienda de campaña para ver si entraba bien. Disfrutamos un buen rato conversando con música de fondo que venía de la radio que tenía en el garaje, a unos 4 metros de donde nos encontrábamos, y usaba en sus ratos libres haciendo lo que mas le gustaba, jugar a ser mecánico con sus motos o su coche.
Cuando aquellos enormes vasos de cerveza se quedaron vacíos, entré en la cocina y volví a llenarlos. Quien me iba a decir a mi que terminaría bebiendo cerveza en otro país cuando jamás lo había hecho en el mío. Siempre me pareció de sabor horrible. Pero necesitaba desinhibirme y apaciguar ese sentimiento bravo que parecía crecer en algunos momentos. Me senté al borde de la puertita de la tienda de campaña con un cigarro y mi cerveza. El, se puso a recoger las herramientas, mientras, me dediqué a admirar las estrellas que ya comenzaban a dejarse ver. El ambiente se sentía caluroso y no corría ni una pizca de viento. Cuando bajé la cabeza para decirle que ya comenzaban a salir las estrellas, él me estaba mirando, no se cuanto tiempo llevaba observándome pero en su mirada leí lo que me quería decir. Dejé el vaso a un costado de la tienda y él se acercó, me agarró y besándome me introdujo dentro de la tienda. Se desató una pasión indescriptible con palabras. Sentía nuestras energías fusionándose, elevando aquel patio y aquella tienda de campaña al cielo. Nos besamos como jamás lo habíamos hecho, sentí como acariciaba mi cara, mi cuerpo, sentí que no quería que volviera a separarse de mi jamás.
-¿Porqué no podía ser así siempre?-
Por un momento, esa pregunta resonó en mi mente hasta que otra vocecilla respondió:
- Gran error, sabes perfectamente donde te encuentras, baja los pies a la tierra y toma decisiones de una buena vez.-
Ya no recordaba cuando fue la última vez que él tomaba la decisión. Era muy duro admitirlo pero había dejado de sentirme deseada y aquel momento me devolvió la confianza, la alegría, la calma... Sería imposible olvidar ese día habiéndome sentido tan especial al fin. El cariño escaseaba desde hacía tiempo y la sensación de no estar en mi lugar hacían mella constante, pero ese instante mágico hacía que el resto no importase. Había sido capaz de soportar a cambio de mendigar un poquito de amor.
-¿Hasta donde te permites sufrir a cambio de amor en dosis precarias?-
Creo que no estaba haciendo bien y no se como explicar el estar enamorada de alguien que te ha hace daño. Dicen que la primera vez que alguien te hace mal es responsabilidad suya, pero si dejas que ocurra de nuevo, la responsable eres tu, y en mi caso sé que yo fui la mayor responsable. Pensé que se podría enamorar de mi y podríamos crear un futuro juntos, pero no caí en la cuenta de estar metiéndome en una guerra de sentimientos en la que perdería siempre.
Una gran antítesis, llenar el hueco de la esperanza con tanta facilidad para después tener que luchar en contra y poder vaciarlo o rellenarlo de cualquier otro sentimiento digno.
" Con el paso del tiempo descubres que habían soluciones mucho mas fáciles pero igual sabes que no podrías haber aplicado cuando tu personalidad mueve los hilos de tu vida a través de sentimientos y no pensamientos."
Sentía que había sido un muy lindo día a pesar de saber que él ocupaba su mente con otra persona. Creo que mi límite estaba llegando a un punto de comodidad en esas horas de aquel caluroso día de verano. Así que mientras él sacaba las varillas y demás complementos, me acerqué a la nevera y serví dos vasos grandes de cerveza. Al rato ya estaba armada, inflamos el colchón y lo pusimos dentro de la tienda de campaña para ver si entraba bien. Disfrutamos un buen rato conversando con música de fondo que venía de la radio que tenía en el garaje, a unos 4 metros de donde nos encontrábamos, y usaba en sus ratos libres haciendo lo que mas le gustaba, jugar a ser mecánico con sus motos o su coche.
Cuando aquellos enormes vasos de cerveza se quedaron vacíos, entré en la cocina y volví a llenarlos. Quien me iba a decir a mi que terminaría bebiendo cerveza en otro país cuando jamás lo había hecho en el mío. Siempre me pareció de sabor horrible. Pero necesitaba desinhibirme y apaciguar ese sentimiento bravo que parecía crecer en algunos momentos. Me senté al borde de la puertita de la tienda de campaña con un cigarro y mi cerveza. El, se puso a recoger las herramientas, mientras, me dediqué a admirar las estrellas que ya comenzaban a dejarse ver. El ambiente se sentía caluroso y no corría ni una pizca de viento. Cuando bajé la cabeza para decirle que ya comenzaban a salir las estrellas, él me estaba mirando, no se cuanto tiempo llevaba observándome pero en su mirada leí lo que me quería decir. Dejé el vaso a un costado de la tienda y él se acercó, me agarró y besándome me introdujo dentro de la tienda. Se desató una pasión indescriptible con palabras. Sentía nuestras energías fusionándose, elevando aquel patio y aquella tienda de campaña al cielo. Nos besamos como jamás lo habíamos hecho, sentí como acariciaba mi cara, mi cuerpo, sentí que no quería que volviera a separarse de mi jamás.
-¿Porqué no podía ser así siempre?-
Por un momento, esa pregunta resonó en mi mente hasta que otra vocecilla respondió:
- Gran error, sabes perfectamente donde te encuentras, baja los pies a la tierra y toma decisiones de una buena vez.-
Ya no recordaba cuando fue la última vez que él tomaba la decisión. Era muy duro admitirlo pero había dejado de sentirme deseada y aquel momento me devolvió la confianza, la alegría, la calma... Sería imposible olvidar ese día habiéndome sentido tan especial al fin. El cariño escaseaba desde hacía tiempo y la sensación de no estar en mi lugar hacían mella constante, pero ese instante mágico hacía que el resto no importase. Había sido capaz de soportar a cambio de mendigar un poquito de amor.
-¿Hasta donde te permites sufrir a cambio de amor en dosis precarias?-
Creo que no estaba haciendo bien y no se como explicar el estar enamorada de alguien que te ha hace daño. Dicen que la primera vez que alguien te hace mal es responsabilidad suya, pero si dejas que ocurra de nuevo, la responsable eres tu, y en mi caso sé que yo fui la mayor responsable. Pensé que se podría enamorar de mi y podríamos crear un futuro juntos, pero no caí en la cuenta de estar metiéndome en una guerra de sentimientos en la que perdería siempre.
Una gran antítesis, llenar el hueco de la esperanza con tanta facilidad para después tener que luchar en contra y poder vaciarlo o rellenarlo de cualquier otro sentimiento digno.
" Con el paso del tiempo descubres que habían soluciones mucho mas fáciles pero igual sabes que no podrías haber aplicado cuando tu personalidad mueve los hilos de tu vida a través de sentimientos y no pensamientos."
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