domingo, 3 de febrero de 2013

PASEO POR VIA JULIA

Hacía mas de 4 meses que no caminaba más de 10 minutos sola y casi un año que no lo hacia en Barcelona. Hoy fui a ver a un amigo. Cogí el metro e hice un par de transbordos, mientras, escuchaba música y me sumergía en las palabras de un libro que me transportaban a la Barcelona del siglo XX. Como no sabía  para donde debía dirigirme a la salida del metro, paré a preguntar a una dependienta. La señora me indicó y me aseguró que tenía un buen rato caminando, así que, me lo tomé con mucha calma y paseé por Vía Julia, disfrutando de las luces de las tiendas y las farolas que aún iluminaban el camino. Después de un lapso de tiempo caminando, al fin, llegué a destino. Vimos una película y disfrutamos hablando de futuros proyectos en mente de cada uno. Cuando terminó la película, me puse en marcha para salir de nuevo y dirigirme esta vez a una parada de metro mas cercana ya que era muy tarde y no tenía intención alguna de caminar mucho rato sola por la calle. Me despedí y mientras bajaba por el ascensor me coloqué los auriculares para escuchar música. De nuevo había bajado la temperatura y el frío invierno mostraba su tímida cara. Me coloqué la bufanda a la altura de la boca para que el viento no me resfriase mas de lo que estaba y comencé a caminar. Los escaparates de las tiendas dejaron de iluminar las calles, ahora ya solo las farolas y los bancos iluminaban el camino. Al no poder caminar rápido por mi lesión en la pierna, me dediqué a observar todo cuanto se cruzaba en mi paso. Esta vez algo había cambiado, Barcelona ya no tenía la misma apariencia que recordaba, a través de los cristales de las oficinas bancarias se veía gente durmiendo en su interior. Personas que por apariencia no debían llevar mucho tiempo en esa situación. Crucé la calle y me alejé un poco de aquella oficina bancaria pero me quedé parada, mirando las caras de aquellas personas que aún no dormían. Reflejaban tristeza, resignación...

Desperté y volví en mi al ver que uno de los indigentes me observó, agaché la cabeza y retomé el camino. En la siguiente oficina pasaba exactamente igual y así en todas y cada una por las que pasé. Me invadió la tristeza, la impotencia..

Siempre he concluido que las monarquías españolas fueron nefastas porque no solo han obligado a que pague el pueblo sus errores y sus vidas en lo mas alto, sino que además han perdido todo lo que un día fueron. Por otro lado, tenía una mínima confianza en los políticos que se ha diluido después de ver como se embolsan el dinero del pueblo con total impunidad. Tenemos lastre multiplicado por dos y no hacemos nada. El Rey ya no merece mi respeto, está podrido como todo lo que le sigue. Le aconseja a su yerno que no se meta problemas hace 6 años, eso me lleva a preguntarme:
¿Hacía 6 años que el rey sabía que su yerno delinquía y no hizo nada?
¿Quién es más corrupto entonces?
Siento que navegamos en un mar de estiércol con esperanzas a un futuro precario donde predomine la pobreza absoluta.





1 comentario: