Después de 15 días en Buenos Aires, del aparatoso
accidente que sufrió él, la operación, el post-operatorio y bancarme el conocer
a su familia a marchas forzadas por la situación, decidí marchar unos días a
Córdoba a ver por fin a mi gran amiga Caro. Pasé unos días fenomenales allí. Su
familia es espectacular. Les conté como transcurría mi historia desde mi
llegada a Argentina. Les hablé de él como si fuera alguien increíble, la
madre de Caro me decía que había tenido mucha suerte por lo que le contaba,
pero, ocurrió algo que no entendí hasta llegar de nuevo a Morón.
Estando en Córdoba, donde tenía pensado parar no mas
de una semana y volver en un tiempito no muy remoto, hablo con él y me dice que
necesita unos días para estar solo, que tiene algo que contarme, que no va
conmigo, pero necesita estar solo. Desde ese momento mi estancia en casa de mi
amiga deja de ser lo que tenía pensado. Los días transcurren pendientes de
alguien que está en otra provincia y con quien hablo varias veces al día pero
comienzo a notarlo cada vez mas y mas lejos. Intento evadirme por momentos de
esa preocupación pero es imposible, de hecho parece haberse magnificado todo.
En varias ocasiones, hablando con él, le insisto en quedarme con Caro y le pido
que envíe mis cosas porque creo que ha dejado de sentir o simplemente no
era lo que esperaba. Todos sabemos que algo así puede ocurrir y por más que me
doliera en aquel momento, nada iba a ser eterno si no quería que fuese. Él, en
esas reiteradas veces responde con un no rotundo. Me pide paciencia y
calma y por sobre todas las cosas, que regrese en unos días. Obviamente cuando
le cuento a mi amiga llegamos a la conclusión que hay alguien más en medio de
esta historia. Decido quedarme unos días mas en Córdoba por fuerza mayor. La
noche anterior a mi regreso, él, me comenta que tiene sueño y se va temprano a
dormir, así que nos despedimos de manera algo fría por messenger. Acordamos que
vendrían sus padres a buscarme al aeropuerto porque él no podía coger el coche
ya que tenía la mano aún enyesada.
Llevaba días preocupada porque me negaba a mi misma
que pudiese hacerme daño. Pero la situación lo evidenciaba.
A primera hora de la mañana, la madre de Caro me
acercó al aeropuerto, nos despedimos con un gran abrazo y con idea de volvernos
a ver de nuevo en unos meses. A penas había podido dormir esa noche, el
estómago parecía hablarme y no auguraba nada bueno.
El vuelo fue corto ya que solo nos separaban unos
700km de distancia. Después de recoger mi maleta salí a la puerta y los padres
de él me esperaban. Los saludé y nos dirigimos al coche. Guardé la maleta en el
maletero y me senté en la parte de atrás. Quería sonreír pero la preocupación
no me dejaba. Me preguntaron e intentaron sacar conversación pero fui muy
escueta y abrevié todo cuanto pude las respuestas, hasta dejar fluir en mis
oídos la música que salía del radiocassette, entonces, sus padres comenzaron a
hablar como si yo no estuviera en aquel habitáculo, reprochando que su
hijo hubiera cogido el coche la noche anterior y no sabían ni donde había ido
ni porque había hecho algo así teniendo la mano aún mal.
Mi cara parecía descomponerse por momentos. ¿Rabia?
Si, muchísima. ¿Porqué no había venido a buscarme entonces?
Me puse a ordenar los sucesos ocurridos hasta ese
mismo instante.
- Tenía algo que contarme desde hacía una semana y media.
- Sus conversaciones conmigo habían cambiado desde que me fui a Córdoba.
- Me pidió días en soledad.
- Se sentía cansado la noche de antes de mi vuelta a Buenas Aires.
- Me comentó que no podía venir a buscarme al aeropuerto por la mano
rota y vendrían sus padres, pero él no viene acompañándolos.
- La madre afirmaba muy enfadada que lo vieron salir con el coche a la
misma hora que se despide de mi online, diciendo que se iba a
dormir.
Mi cabeza trabajaba a marchas forzadas y deseaba que
ese trayecto no terminase sin tener una respuesta viable a todo esto, pero
inevitablemente llegamos a destino mucho antes de lo previsto. No había
tráfico. Al tocar a la puerta, él abrió y nos saludamos con un escueto beso,
sus padres lo saludaron y se fueron, yo agarré mis maletas y las entré con la
cabeza agachada para que no pudiera ver mi furia en los ojos. El, notó mi
tensión y supongo que dedujo que estaba esperando a que me explicase eso tan
importante que me quería contar y que no podía hacer por teléfono pero le había
afectado hasta el punto de no querer disfrutar su tiempo conmigo y había
preferido pasarlo solo.
Así que, como para romper el hielo, se fue a comprar
dulces (facturas en termino argentino) para desayunar. Yo aproveché para
conectarme en su portátil y hablar con mi madre para decirle que había regresado
a Buenos Aires y todo había ido genial, cuando... Por arte de magia se abrió la
carpeta de documentos. Por segundos no le di importancia hasta que leí
"historiales de conversación de messenger" ¿Que estaba haciendo? ¿ A
caso iba a encontrar algo en tan solo unos minutos? La panadería se encontraba
a 50 mts de la casa. Él no tardaría en volver.
Me quise convencer en ese instante que sabía con quien
estaba. Abrí la dichosa carpeta y había una larga lista de personas que ni me
sonaban. Lo eché a suertes y pinche con los ojos cerrados en una conversación.
Era una chica. Bajé todas las filas hasta llegar a la última y ver la fecha de
sus últimas palabras...
No se si pena, tristeza o incluso odio, fue la sensación que cruzó como un
rayo y atravesó mi cuerpo estallando en mi cabeza, dejando caer dos lágrimas
que mojaban mi pálido rostro.
Lo que mi mente intuía se confirmaba tras leer esas últimas filas. Al mismo
tiempo que se despedía de mi la noche anterior, quedaba con ella en un hotel
después de una muy acalorada conversación. Mi pulso comenzó a temblar. Aún me
sentía culpable por haber invadido su intimidad trasteando en la dichosa
carpeta. Desesperada y casi podría decir, en estado de shock, dejé la
conversación en la pantalla y me fui a la habitación, encendí mi portátil
pequeño y busqué una canción que me evadiera de aquella horrible situación.
Mientras escuchaba "Venas con humo y palabras" de Marea, saqué las
maletas de nuevo a la entrada. Me tumbé en la cama en el mismo momento que se
abría la puerta de la calle. Era él, me hablaba pero solo lo oía, no comprendía
lo que me estaba diciendo. Mi mente sufría un bombardeo de preguntas. Lo miré a
los ojos y su rostro se tornó serio, supongo que la expresividad de mi cara lo
alertó de que algo no iba bien. Preguntó si me ocurría algo. Le dije que me
quería ir de allí, que me dijera como ir a la estación mas cercana para comprar
un billete a Córdoba.
Le grité!!!
Le pregunté: -¿ Que tan mal le había hecho yo para que me tratase como a
una imbécil? ¿Porqué no me dejó quedarme en Córdoba? ¿Porqué me dijo que su
problema no tenía nada que ver conmigo? ¿Porque me hizo volver a Bs As si ya me
había humillado?
Él, no entendía nada. Me agarró de los brazos,
zarandeandome un poco para que dejase de gritar enfurecida y le dijese que era
lo que me tenía en esa situación, porque al parecer, hasta ese momento, ni se
le pasó por la cabeza pensar que me enteraría de su noche alocada con una
cualquiera. Me zafé de sus brazos y le dije que echara un vistazo a su
ordenador. Así hizo. Al ver la conversación en la pantalla, su cara comenzó a
palidecerse, me miró con lágrimas en los ojos, agachó la cabeza y repitió un
millón de veces:
- "Me mandé un mocazo, lo siento" (palabras textuales)
La situación era insostenible, increíble, ¿surrealista?
Por momentos intentaba tranquilizarme porque comenzaba
a tener los síntomas propios de un ataque de ansiedad, y en cuanto me repuse un
poco, volví a la carga. Me senté en el borde de la cama y le pregunté que era
eso que tenía que explicarme y solo podía ser en persona. Mientras pensaba para
mi misma:
-¿ Puede haber algo mas grave que todo lo
sucedido ya?
Se sentó a mi lado y comenzó a explicar que se sentía
mal porque su ex, con la que hacía ya 4 años que no estaba, esa de la que jamás
me habló hasta llegar a su casa..
-Se iba a casar con su novio!
Es decir, si hago un breve resumen, llego a la
conclusión de haber sido lo que los argentinos muy bien dicen "Una
pelotuda" Dejándome engañar por un chico que decía sentir algo por mi pero
en realidad solo sentía por su ex. Y le sumo el escarceo con otra chica que no
se que pinta en toda esta historia.
-¿O era yo la que no pintaba nada aquí?-
Después de caerme toneladas de información y comprobar
que la única historia de amor que había hasta ese momento, era la que me había
armado yo en mi cabeza, me tumbé en la cama e intenté mantener mi mente en
blanco. Mis neuronas pedían a gritos un descanso, por no hablar de mi estómago
que parecía estar mas enfadado que yo y alertaba con expulsar hasta la primera
papilla.
Él, continuaba pidiéndome con sollozos que no me fuera. Aún sigo sin
comprender porque me pedía 6 días para demostrarme que si le importaba, 6 días
en los que supuestamente iba a bajarme el cielo a mis pies.
Buscando un lugar con un poco de intimidad, salí al
comedor mientras él dormía en la habitación, cerré la puerta y encendí el
televisor. Me senté en un sofá que tenía de color marrón rojizo. Parecía hecho
de cuero viejo, algo incómodo por las formas que había tomado la espuma del
mismo de tantos años de uso. Coloqué el ordenador delante de mi y abrí el skype
para llamar a Cristina, mi amiga y mi mayor confidente, que se encontraba en
Barcelona. Escuchó muy atenta toda la historia y me dijo que hiciera lo que
sintiera en ese momento, pero por sobre todas las cosas, si decidía perdonarlo,
luego no debía reprocharle nada de lo ocurrido, en cualquier disputa que
tuviéramos en un futuro. En cuanto terminé de hablar con ella, llamé a Caro y
le conté lo sucedido. Ella me aconsejó que no lo escuchase, que no me dejase
convencer, que tomase el primer autobús o avión a Córdoba. Pero no le hice
caso.. Caí en la trampa... Lo escuché, lo vi arrodillado ante mi, llorando como
un niño, sufriendo porque sabía que había hecho mal. Sentí tristeza y ganas de
consolarlo. No puedo soportar ver a alguien sufriendo y no hacer nada sabiendo
que tengo la clave para que deje de padecer. Así que, después de pasar horas
interminables pensando y llorando al mismo tiempo, comprendí que tenía que
tomar una decisión.
Apagué el televisor, abrí la puerta de acceso a la cocina y a la habitación y
me dirigí a tumbarme de nuevo en la cama, a su lado. Se despertó al notar mi
movimiento, lo miré a los ojos y su mirada suplicaba clemencia. Le pedí que se
acercase, que me mirase y atendiera bien lo que le iba a contar. Me quedaba en
su casa, pero no iba a deshacer las maletas. A cambio, quería un giro completo
en su actitud, sinceridad y transparencia... (Si, lo se, aún se puede llegar a
ser mas pelotuda)
Me propuse romper uno de mis principios básicos,
perdonar una infidelidad. Entonces llegaron las promesas, esas que todos
sabemos que no se cumplirían jamás. "Cambio de número de teléfono,
desaparecer de las redes sociales y una atención casi exclusiva hacia mi
persona".
Ya se que tengo una forma muy ingenua de tratar a las
personas a pesar de mi picardía. Por otro lado, pienso que todos en algún
momento de nuestras vidas nos podemos equivocar. No era la primera vez que
sufría un engaño por parte de mi pareja. Jamás lo había perdonado y
-¿Porque no
intentarlo si tanto lo amaba?
-¿Mi justificación?- "Algo debía sentir
cuando me pidió que regresara a Buenos Aires aún sabiendo todo esto.
Posiblemente estaba confundido. Demasiados cambios en tan poco tiempo. Mi
llegada a su casa invadiendo de alguna forma su espacio, el accidente de moto
que lo obligó a estar en casa todo el día..."
Los primeros días transcurrieron con normalidad a pesar de sentirme extraña. Y
así pasaron casi 3 meses esperando que cumpliese con lo acordado. Pero nunca
llegó nada positivo y mi desconfianza se tornaba cada vez mas y mas acentuada.
Él, jamás pudo pronunciar un "te amo", yo continué chocándome cada
vez que recogía y limpiaba la casa, con una foto escondida debajo del televisor
y una carta escrita de su puño y letra, guardada en un cajón de la mesa antigua
y sin barnizar que hacía función de mesa ratonera en el comedor, dirigida a su
ex y donde expresaba cuanto la amaba. (No me dio la cara para leerla entera, a
penas unas lineas fueron suficiente) Pensé en tirarla, en reprocharle que
dejase una carta de amor a su ex a mi alcance y al alcance de cualquiera, pero
sería forzar una situación que debiera salir de él. Me mantuve firme a pesar
del daño que me ocasionaba tener cartas y fotos por la casa, de alguien que no
debía estar mas en su vida, de alguien que no me dejaba tener mi lugar.
Incluso hoy, pasados mas de dos años, visto desde la
Ciudad Condal, donde me encuentro actualmente, es difícil hacer una valoración
de todo lo que sucedió en aquellos días. A veces creo comprender la situación
de ese chico. Creo que quería avanzar sin cerrar su círculo y es como intentar
traspasar un muro de hormigón sin poderes mágicos. pienso que le importaba muy
poco hacerme daño, pienso que le preocupaba lo que pudieran pensar los suyos al
respecto y por ello nadie estaba enterado de sus andanzas con otras chicas. Me
reprochaba que discutíamos mucho y la verdad es que así era, pero creo que
habían motivos de peso. Además, estuve averiguando entre las personas mas
cercanas a su entorno y me confirmaron que se pasaba los días peleado con su
ex, es decir, a mi me contaba que jamás había vivido una situación de enfado
constante con nadie pero resultaba ser incierto.
Jamás me pidió o me dio motivo alguno para deshacer mis maletas, nunca me
sentí en mi lugar y en ningún momento le importó en que condiciones vivía.
Recuerdo perfectamente el día que me marché de su casa... Pero eso, mejor lo dejamos para otro día, ya está bien por hoy..
To Be Continued..